Alrededor de los 40 empieza a aparecer la temida presbicia (esa que tanto nos cuesta aceptar y que nos obliga a alejar la carta del restaurante medio metro para elegir vino) y la primera decisión al respecto suele ser ir a la farmacia y comprar unas gafas pregraduadas. Mal.

La clave está en realidad, en tiempo de uso de estas lupas. Si te vas de vacaciones una semana y se te han olvidado las gafas no hay más que hablar, las gafas pregraduadas de la farmacia te sacarán del apuro sin problemas pero, ¿Qué pasa cuando utilizamos lentes de farmacia a medio y largo plazo?. La consecuencia más que previsible será el empeoramiento de tu visión. Te contamos porqué:

 

Las elegimos nosotros mismos:

No nos referimos al color ni al modelo, al comprar este tipo de gafas prácticamente nos “auto graduamos”. Elegimos aquellas con las que “mejor vemos” y caemos frecuentemente en el error de elegir una graduación superior a la que en realidad necesitamos. Recordad que es imprescindible que la graduación de nuestra vista la lleve a cabo un profesional.

Las gafas pregraduadas son un producto fabricado en serie: 

Las lentes que encontramos en estas monturas suelen ser plástico inyectado y no cristal, lo que provoca la distorsión de las imágenes, más grave según aumenta la graduación. 

Muchas de estas lupas aumentan su graduación cada 0,5 dioptrías, es decir, si necesitáramos una graduación de, por ejemplo, 1,75 no la podríamos encontrar en la farmacia. Además no se tienen en cuenta las características morfológicas de cada usuario: La distancia interpupilar (distancia entre los ejes visuales) es distinta en cada persona e imposible de reflejar en estas lentes ya que se fabrican de manera estándar.

Otro de los grandes inconvenientes es que suelen tener la misma graduación en las dos lentes, aunque apenas el 2% de las personas con problemas ópticos tenga las mismas dioptrías en ambos ojos. 

Las lentes no cuentan con tratamiento antirreflejante: 

Imprescindible hoy en día, teniendo en cuenta todo el tiempo que pasamos mirando a una pantalla. Este tratamiento elimina los deslumbramientos, brillos y reflejos de luz indeseados. Por desgracia, las lentes pregraduadas carecen de él.

 

Su uso tiene sus consecuencias:

El exceso de uso de este tipo de gafas puede estropear la visión binocular, es decir, la capacidad de los dos ojos de trabajar a la vez. Además, producen un aumento precoz de graduación como consecuencia de su baja calidad y de la carencia de criterio óptico en el momento de su elección.

En conclusión, te recomendamos las gafas de farmacia para un apuro o un periodo muy corto de tiempo, pero si comienzas a detectar los síntomas de la presbicia, la mejor decisión para tu salud visual será siempre acudir a un profesional.